El día 13, ni te cases ni te embarques ni te subas a la bici. Se veía venir. Menuda leche. Pedro recuperó hoy un más que disputado maillot de la Cruz Roja, que primero se enfundó el anterior poseedor (Jonatan), más tarde pasó a manos de Xavi y por último se lo quedó Pedro tras esmorronarse en la orilla del río Besòs, en Montmeló.
En la salida de hoy, Jonatan se cayó dos veces sin mayores consecuencias debido a la inexperiencia con el uso de las calas. Rebajó su marca personal de cinco a dos caídas. Ya es algo. Por su parte, Xavi terminó recostado sobre su hombro lesionado (el izquierdo) cuando llegábamos al tramo final del mítico corriolet de Alella a Vallromanes. Sin graves consecuencias.
En cambio, Pedro culminó la tercera ocasión en que se le salió la cadena de sitio (no hay dos sin tres y a la tercera va la vencida) con una caída en la que sufrió rascadas en la rodilla derecha, la barbilla y la napia, además de clavarse el manillar en el muslo izquierdo. Bonito hostión. Más aún cuando nadie acudió a sus gritos de ayuda, quizá porque tras besar el suelo se le llenó la boca de tierra.
Salvo estos pequeños percances, la salida de hoy fue agotadora gracias a las pendientes de la Conreria. Fuimos ocho (Tito, Ramon, Jordi R., Jonatan, David, Pere, Xavi y Pedro). Llegamos al seminario por la ruta de Sant Cebrià de Cabanyes y los Castanyers. De allí nos dirigimos a los Nou Pins, aunque en realidad hay más del doble de pinos.
En los Nou Pins, al pie del Puto Vigía (Turó de Galzeran), David puso pie a tierra y dijo que no daba una pedalada más sin hincarle antes el diente al bocata. Y allí mismo improvisamos un picnic amenizado por una bolsa de patatas fritas y un litro y medio de vinacho con gaseosa (ambos aportados por el magnífico Pere), que estrenaba bicicleta patrocinada por AXA Seguros.
Seguimos la ruta del Corriolet por Alella y Vallromanes. Más tarde seguimos en dircción a Vilanova del Vallès, Montornès y Montmeló, donde tomamos el camino que lleva a La Llagosta en paralelo al río Besòs. Allí registramos el escalofriante documento de Jonatan evacuando aguas menores (luego dicen que la industria es la que contamina el río) para hacer sitio a la birra que nos zumbamos al llegar al Parque Popular de La Llagosta.
Al final, casi 41 kilómetros y poco después de la una de la tarde en casa. Gran salida betetera.
Domingo 13 de febrero, a las 8 de la mañana en el lugar de costumbre. Destino: Sant Mateu o Collserola, lo que diga la rubia. Para hacer boca, aquí os dejo el anuncio que me ha pasado mi colega Hernán, que el año pasado hizo la Titan Desert. Según sus propias palabras: "Lo que escuchas es lo que no paras de escuchar en tu mente cuando estás allí, lo han clavado".
Cero grados, ni frío ni calor. Así se presentaba la mañana de este domingo a las ocho en punto. Siete beteteros se dieron cita para dirigirse al Puig de la Creu (Ramon, Martí, Natxo, Jordi R., David, Xavi y Pedro). En el momento de la partida apareció en su fregometa nuestro amiguete Jonatan. Tras una semana de intenso trabajo... por fin dio señales de vida. No nos pudo acompañar porque dijo que estaba de guardia y tenía que atender dos llamadas de emergencia que había recibido, pero lo cierto es que después comprobamos que se había dedicado a robar sandías y llevaba la fregometa llena. ¡¡¡A robar carteras!!!
El caso es que los siete beteros enfilamos hacia Ripollet para tomar la ruta del río Ripoll. En los primeros metros descubrimos que la bicicleta de David es reversible porque "la rueda de atras es la de adelante y la de adelante es la de atrás". Ahí queda eso. Luego cuando volví a casa estuve pensando intensamente en esta frase (ver foto inferior) y me dije a mi mismo dios mediante: "Joder, que profundidad. No sé qué coño hacemos yendo en bici cuando podríamos formar un club filosófico de libre pensadores".
Pero volvamos a la crónica de la jornada betetera. Allí estábamos los siete, en el Ripoll, rodeados de patos y con Martí lanzando el aullido pallarés de la época de celo para intentar aparearse con un faisán. Espeluznante.
El caso es que ya antes de las primeras rampas que conducen a Castellar del Vallès nos dimos cuenta de que el pelotón eran seis beteteros y detrás siempre estaba el caballo del malo, vamos que Pedro hacía de coche escoba. Como siempre. No podía con su alma y es que no se puede estar dos meses sin tocar la bici porque luego pasa lo que pasa...
Al final, llegamos a Castellar del Vallès y tras un breve debate se descartó el ascenso al Puig de la Creu y se optó por regresar a casa por una nueva ruta por la que nos guió Xavi. Por cierto, que eso de que "por aquí es todo bajada" es una interpretación léxica muy particular...
La primera rampa nos dio en la misma frente al subir al tanatorio de Castellar. Joder, con la cuestecita... menos mal que era todo bajada... Ya te pillaré a solas en un callejón oscuro, Xavi.
Esta ruta nos llevó a través de Pedra Santa y Polinyà hasta la rotonda de la carretera de Santa Perpètua a Sabadell. Allí tomamos el camino de Torreferrusa, el Castell de can Taió y para el barrio. Hubo quien se fue a ver los Tres Tombs y quien fue a echar una birra al bar de Ramón. Y hasta hubo quien no vino a la salida porque estaba en Lloret. Y ¿qué hacían Alfonso y Pere en Lloret? Dentro vídeo.
El próximo domingo nos vamos a Sant Mateu por la Conreria. Haremos un picnic, así que acordaros del bocata y la bota de vino. Y no os olvidéis de lo que dijo Martí: "Si me toca un millón de euros en la lotería, a lo mejor me cambio la bici". ¡¡¡Grandeeeeeeeeeee!!!